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Wednesday, July 20, 2005

MILAGRO PREVIO A LA BEATIFICACION DE DOLORES SOPEÑA


El obrero Victoriano Herrero, trabajando en la Empresa «Cementos Portland», de Zaragoza, como empleado de la misma, el día 20 de mayo de 1957, hacia las 9:15 de la mañana, estaba introduciendo en dicha fábrica una gran rueda de molino de 1.500 kilos que se utiliza para la trituración del cemento[1]. Para hacerla llegar a su sitio, se le introdujeron dos travesaños de madera. De pronto, por la rotura de uno de dichos travesaños, la rueda de molino se volteó, aplastando al Sr. Victoriano Herrero, cuyo cuerpo quedó atrapado entre el pavimento de cemento y la rueda. 2. Ayudado por los compañeros de trabajo, el Sr. Herrero fue transportado rápidamente a la «Mutua de Accidentes» de Zaragoza, donde ingresó media hora, poco más o menos, después del accidente. Los médicos declararon que las condiciones generales del enfermo eran gravísimas, porque presentaban un cuadro clínico de shock traumático con: palidez intensa, nariz afilada, ofuscamiento cerebral, pulso frecuente e imperceptible, sudor viscoso y pegajoso, sin podérsele determinar la presión arterial, pupilas en midriasis con gemidos, náuseas y vómitos diversas hemorragias, producidas por lesiones cutáneas externas. 4. Al examinar la región abdominal se observó ausencia de respiración abdominal; al palparlo, contracción de las paredes abdominales; al auscultarlo, silencio abdominal. En lo que se refiere a los huesos: fractura del fémur derecho y rotura del bazo. 5. Para combatir la gravedad, el primer día se le hizo una transfusión de sangre 6. El segundo día del ingreso en la Mutua, se le hizo una nueva transfusión Durante los primeros tres días, las condiciones generales del enfermo se mantuvieron en todo momento en la misma gravedad inicial, tanto que, durante este periodo de tiempo, los médicos que lo atendían no creyeron oportuno aplicar otro tratamiento más que las transfusiones de sangre, ni siquiera hacer exámenes radiológicos que determinasen los detalles de las fracturas óseas, ni proceder a una laparotomía exploratoria para un diagnóstico más preciso de las lesiones internas de cara a una eventual intervención quirúrgica. 7. El tercer día del ingreso, al notar una leve mejoría del paciente, fue posible, y se creyó oportuno, hacer radiografías de la estructura ósea, comprobándose contusiones varias, rotura del bazo, del fémur derecho, de la tibia y del peroné de la pierna izquierda, rotura de la uretra, juzgando “gravísimas” las condiciones del paciente. 8. Al tercer o cuarto día, se empeoró, haciendo necesaria una vigilancia permanente.. 9. Al quinto día del incidente (…) sobrevino una grave complicación que se manifestó con una subida brusca de temperatura (40 grados), taquicardia (140 de frecuencia), desórdenes respiratorios diagnosticados como “broncoplegía” difusa que afectó a los dos pulmones[2] 10. Por consejo de dos “Damas Catequistas”: Mercedes Léniz y María Josefa Laguillo, que fueron a visitar al enfermo informadas por su mujer que su marido no tenía remedio y se esperaba su muerte de un momento a otro, impusieron al enfermo una reliquia de Dolores Sopeña, empezando una novena en ese mismo momento para obtener la curación de Victoriano Herrero, mediante su intercesión. Siguiendo las indicaciones de las dos Catequistas, la mujer del paciente continuó recitando la oración de la novena sin interrupción durante toda la noche. 11. El paciente, a lo largo de la noche entre el quinto y sexto día, descansó tranquilamente por primera vez desde su ingreso en la Mutua. La mañana del sexto día, los médicos, con gran estupor, pudieron constatar un cambio radical de las condiciones del paciente que presentaba un aspecto normal, plena lucidez, ausencia de temperatura, pulso normal en cuanto a frecuencia y tensión, ausencia de los fenómenos broncorrespiratorios observados anteriormente; desaparición, en una palabra, de todos los síntomas que denotaban una evidente disminución de las funciones vitales del organismo. 12. Desde aquel día –sexto de su dolencia– el enfermó empezó a alimentarse regularmente y recuperó rápidamente sus fuerzas. Desde ese mismo día, fue posible comenzar el tratamiento de las fracturas, que sanaron en un lapso de tiempo normal. 13. Después de la curación, el Sr. Victoriano Herrero ha gozado siempre de perfecto estado de salud que persiste hasta el momento en grado excelente[3]. 14. Todos creen, y siguen creyendo, que la instantánea y perfecta curación de los gravísimos síntomas mortales como consecuencia del trauma y del aplastamiento sufrido por el infortunado, debe ser atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Dolores Rodríguez Sopeña.- Roma, 2 de febrero 1968 José Goenaga, Postulador

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