FUENTE DE OLMEDO - LOS INMIGRANTES

Los ecuatorianos dejan el país para mejorar la vida de sus seres queridos. Casi un millón de ecuatorianos recibe dinero de sus parientes que viven en el extranjero y, por cada persona que manda esta ayuda, una familia se beneficia, sin embargo, los que quedan enfrentan carecer de padres, hijos o esposos. Cerca del 14% de la población adulta recibe remesas de familiares que viven fuera del país. Los migrantes envían un promedio de 1.500 millones de dólares al año, este monto es diez veces mayor que la suma anual de toda la asistencia económica extranjera, incluidos los créditos del Fondo Monetario Internacional.
El dinero los ayuda pero no suple la soledad, no reemplaza a los que se van. Tenemos casos de muchachos que están en la Universidad y viven dedicados solo a sus estudios gracias al trabajo de su madre en el exterior, pero en siete años han visto solo 3 veces a su madre. El hijo mayor cuida al menor y pasa la posta.
Sus padres les prometen volver en determinado tiempo y no pueden cumplirlo. Los llaman por teléfono regularmente, les envían remesas que mejoran sus vidas, sus estudios, pero ono se acostumbran a los parientes con los que los dejaron, no solo es que lloran la ausencia de sus padres sino que muchos lloran la muerte de estos que han acaecido en accidentes de trabajo en España, y una idemnización justa hubiera aliviado la viudez, la orfandad y la pobreza, pero las compañías no han asumido responsabilidades en muchos casos.
Existe mucha tristeza viendo a los hijos de los inmigrantes de todos los pueblos del Ecuador, se los ve todos los días, se los escucha conversar y hacer planes. Dicen que ya se van, que ya se los llevan, los papás los engañan mandando dinero para golosinas para aliviarles la pena.
La obra "De solidaridades y esperanzas” de José Luis Ferrando ha sido prologada por el obispo emérito de Palencia, monseñor Nicolás Castellanos, premio Príncipe de Asturias 1998: La gente no sale de sus países porque lo desea, sino porque lo necesita, y si les ayudamos a poder vivir dignamente en sus países la presión de la inmigración se vería reducida. El libro está dedicado a todas las personas que luchan para derribar las barreras de incomprensión que se alzan entre personas de distinta religión, clase social o raza. Unas barreras que todos debemos ayudar a derribar.

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